Un Regalo Por Su Infidelidad A Mi Esposo Y Mi Hermanastra: Mi Bebé De Ocho Meses Abortado
7 años. 7 putos años persiguiendo a mi prometido, y él seguía colado por mi hermanastra Lucía Fernández. Para obligarme a romper, ese cabrón mandó hacer un montaje donde salía yo en pelotas, con las piernas abiertas y un desconocido encima.
Las sábanas tiradas por el suelo, el pelo revuelto, la cara medio tapada pero lo uficientemente clara como para que todo el mundo supiera que era yo.
Y esas fotos de mierda las repartió por cada esquina de la ciudad. En los bares, en las paradas de autobús. Como si yo fuera una puta barata que se anunciaba en las cabinas telefónicas.
Ese mismo día, mi madre sufrió un infarto de puro coraje y tuvo un accidente. La ingresaron de urgencia.
Cuando creí que el mundo se me caía encima, Álex Reyes apareció como un vendaval. Mi amigo del alma desde críos, el que llevaba años mirándome como si yo fuera lo único que importaba. Se puso a organizar médicos como un loco, y se pasó noches enteras sin pegar ojo, sentado junto a la cama de mi madre.
Pero una semana después, mamá murió.
Después del entierro, Álex se arrodilló delante de mí con un anillo de brillantes en la mano.
—Ani, voy a cumplir lo que tu madre me pidió. Voy a cuidarte toda la vida.
Me eché a llorar y le dije que sí.
Tres años más tarde, todo el barrio decía que Álex estaba loco por mí. Que éramos la pareja perfecta. Y yo me lo creía. Estaba de ocho meses, con la tripa a punto de reventar, esperando a nuestro bebé.
Hasta ese día.
Salí de la consulta del ginecólogo y, al doblar la esquina del pasillo, me los encontré: Álex y Dani López, mi exprometido, liándose a puñetazos en mitad del hospital.
—¡Daniel López! aparta de una puta vez! ¡Tengo que ver a Lucía! —gritó Álex con la voz rota.
Daniel le empujó contra la pared y le soltó en la cara:
—¿Que te apartes yo? Tío, no se te olvide que cuando Luci estaba jodida del corazón, fui yo quien organizó todo. Yo mandé atropellar a la madre de Ani. Yo sobornó al médico pa' que le pusieran el corazón a Luci y así salvarle el culo.
—Y después, fui yo el que se casó con Ani pa' tapar el marrón y que tú y Luci pudierais vivir vuestra puta historia de amor sin que nadie os tocara las narices.
Capítulo 1
7 años. 7 putos años persiguiendo a mi prometido, y él seguía colado por mi hermanastra Lucía Fernández. Para obligarme a romper, ese cabrón mandó hacer un montaje
donde salía yo en pelotas, con las piernas abiertas y un desconocido encima. Las sábanas tiradas por el suelo, el pelo revuelto, la cara medio tapada pero lo uficientemente
clara como para que todo el mundo supiera que era yo.
Y esas fotos de mierda las repartió por cada esquina de la ciudad. En los bares, en las paradas de autobús. Como si yo fuera una puta barata que se anunciaba en las cabinas telefónicas.
Ese mismo día, mi madre sufrió un infarto de puro coraje y tuvo un accidente. La ingresaron de urgencia.
Cuando creí que el mundo se me caía encima, Álex Reyes apareció como un vendaval. Mi amigo del alma desde críos, el que llevaba años mirándome como si yo fuera lo único que importaba. Se puso a organizar médicos como un loco, y se pasó noches enteras sin pegar ojo, sentado junto a la cama de mi madre.
Pero una semana después, mamá murió.
Después del entierro, Álex se arrodilló delante de mí con un anillo de brillantes en la mano.
—Ani, voy a cumplir lo que tu madre me pidió. Voy a cuidarte toda la vida.
Me eché a llorar y le dije que sí.
Tres años más tarde, todo el barrio decía que Álex estaba loco por mí. Que éramos la pareja perfecta. Y yo me lo creía. Estaba de ocho meses, con la tripa a punto de reventar, esperando a nuestro bebé.
Hasta ese día.
Salí de la consulta del ginecólogo y, al doblar la esquina del pasillo, me los encontré: Álex y Dani López, mi exprometido, liándose a puñetazos en mitad del hospital.
—¡Daniel López! aparta de una puta vez! ¡Tengo que ver a Lucía! —gritó Álex con la voz rota.
Daniel le empujó contra la pared y le soltó en la cara:
—¿Que te apartes yo? Tío, no se te olvide que cuando Luci estaba jodida del corazón, fui yo quien organizó todo. Yo mandé atropellar a la madre de Ani. Yo sobornó al médico pa' que le pusieran el corazón a Luci y así salvarle el culo.
—Y después, fui yo el que se casó con Ani pa' tapar el marrón y que tú y Luci pudierais vivir vuestra puta historia de amor sin que nadie os tocara las narices.
Álex escupió sangre y le devolvió el puñetazo con rabia, golpeándole la mandíbula.
—¡Me suda la polla! ¡Luci me necesita a MÍ, no a un puto inútil como tú!
Dani se tambaleó, sangrando por la boca y la nariz. Se limpió con la mano y soltó una risa amarga.
—¿Inútil? ¡Tú estás hasta los huevos de loco, Reyes! —Le agarró del cuello y lo estampó contra la pared—. ¡Escúchame bien, hijo de la gran puta! FUI YO quien mató a la madre de Ani pa' salvarte el culo. FUI YO quien se casó con esa idiota pa' que tú te follaras a Luci tranquilo.
—¿Y ahora vienes con esa cara de gillipollas exigiéndome ver a MI MUJER?
Y yo estaba ahí. A tres metros. Congelada.
Jamás imaginé que la verdad fuera esa.
Se me vació el pecho de golpe. Todo se desmoronó como un castillo de naipes. Las piernas me temblaban. Me castañeteaban los dientes.
Sentía tanto frío que no podía respirar.
Empecé a recordar. A atar cabos.
Cada cumpleaños de Luci, Álex lo dejaba todo pa' ir. El trabajo, los planes conmigo, lo que fuera. Siempre con el regalo perfecto. Siempre el primero en llegar.
Cada vez que ella se encontraba mal, salía disparado como si le fuera la vida en ello. Me dejaba tirada a mitad de cena pa' llevarla al médico.
Le gustaba que llevara el pelo largo, que vistiera de blanco. Y yo, como una puta idiota, me dejé el pelo hasta la cintura. Me compré vestidos blancos uno tras otro. Me miraba al espejo y me creía especial.
Pero solo era su puto clon de Luci.
Nunca sospeché nada. Ni una mierda. Pensaba que me quería tanto que, por eso, cuidaba también de mi hermanastra.
Qué ilusa.
Qué patética.
Todo era mentira.
El accidente de mi madre... lo organizó él.
Esas noches velándola en el hospital... era pa' vigilar que le sacaran el corazón y se lo dieran a Luci.
Su declaración de amor, su anillo, su promesa... todo era teatro pa' que yo no estorbara.
Crecimos juntos. Dormimos juntos tres años. Llevaba a su hijo en la tripa.
Y él me utilizó. Me engañó. Me destrozó.
Y ni siquiera sé cuándo coño se enamoró de ella.
Me dolía todo. El pecho, la cabeza, hasta el alma. Me temblaban las manos. Las lágrimas me caían sin control.
Y entonces algo explotó dentro de mí.
Una rabia tan brutal que me quemaba por dentro.
Un hombre así no merecía ser el padre de mi hijo. No merecía NADA.
Volví a la consulta del ginecólogo a trompicones, con la vista borrosa de tanto llorar.
—Doctora, quiero interrumpir el embarazo.
Ella levantó la cabeza de golpe, mirándome como si me hubiera vuelto loca.
—Señora Reyes, pero si está de ocho meses... el bebé está completamente formado... podría ser peligroso pa'—
—¡ME DA IGUAL! —grité, y mi voz retumbó en toda la consulta—. ¡QUIERO SACÁRMELO! ¡AHORA MISMO, JODER!
Se me quebró la voz. Me agarré al borde de la mesa pa' no desplomarme.
—No voy a traer al mundo al hijo de ese hijo de puta. No voy a... no puedo...
Las lágrimas me ahogaban. Pero la rabia era más fuerte.
—Hágalo. Por favor. Hágalo ya.
Me intentó convencer durante media hora, pero al final tuvo que ceder.
Me subieron al quirófano.
Cuando salí, estaba blanca como el papel. La sangre me empapaba las piernas. Todo me dolía como si me hubieran partido en dos.
La doctora me rogó que me quedara ingresada, pero yo firmé el alta voluntaria y me largué.
Fui a una tienda de regalos. Compré una caja grande y bonita, de esas que se usan pa' sorpresas.
Metí dentro el cuerpo de mi bebé. Pequeño. Ensangrentado. Perfecto.
Después, compré una barriga postiza en una tienda de disfraces y me la puse bajo la ropa.
A medianoche, Álex volvió a casa borracho perdido.
Olía a whisky y a sudor. Se tambaleaba.
Nada más verme, se me tiró encima y empezó a besarme la frente, la cara, el cuello.
—Ani, mi vida, te quiero... joder, te quella.
Le aparté con suavidad.
—¿Por qué has bebido tanto? ¿Ha pasado algo?
Él me miró con los ojos vidriosos y sonrió como un crío.
—Porque estoy contento, Ani. Muy contento.
Se me encogió el corazón.
Mentira. Estaba sufriendo.
Sufriendo porque Luci es la mujer de otro. Porque no puede ni verla cuando está enferma.
Pero siguió con su teatro.
——¿Sabes, Ani? —Se le curvaron los labios en esa sonrisa de idiota enamorado que tan bien se le daba fingir—. Ya queda solo un mes pa' que nazca nuestro hijo, ¿no?
Acarició mi barriga postiza con una ternura tan falsa que me dieron ganas de vomitar.
—Pues he preparado un regalo. Muy especial. Pa' ti. Y pa' él.
Se le iluminó la cara como si de verdad le importáramos una mierda.
—Os va a encantar, ya verás. Va a ser perfecto. Como vosotros dos.
Perfecto.
Qué palabra más bonita en boca de un asesino.
Y le puse la caja delante.
Capítulo 2
Álex agarró la caja y fue a abrirla de inmediato. Le paré en seco.
—Espera al día que nazca el bebé. Si la abres ahora, ya no será sorpresa.
Se quedó parado un momento, pero no sospechó nada. Asintió obediente y guardó la caja en el cajón, como el marido perfecto que fingía ser.
Después se quitó la corbata, la chaqueta, y se metió en el baño a ducharse.
Debía estar tan borracho que, por primera vez, dejó el móvil en la mesa. Sin contraseñas. Sin precauciones.
Lo cogí. Puse la fecha de cumpleaños de Luci. Se desbloqueó al instante.
Y ahí estaba ella. Su cara llenándome la pantalla.
Luci de fondo de pantalla.
Por eso siempre se le suavizaba la mirada cuando miraba el móvil.
Abrí la galería. Miles de fotos. MILES.
Ella sonriendo. Ella callada. Ella perdida en sus pensamientos.
Abrí las notas. Páginas enteras dedicadas a ella.
*"Luci no puede comer marisco. Es alérgica."*
*"Luci adora los dulces. Si come algo dulce, se le ilumina el día."*
*"Su color favorito es el blanco. Odia el rojo. Le encanta lo dulce. Odia lo picante..."*
Abrí WhatsApp. Tenía una cuenta secundaria. Un puto diario dedicado a ella.
*"Luci, te miro a escondidas, pero nunca me atrevo a esperar que tú me mires."*
*"Luci, mi deseo de cumpleaños de este año sigue siendo el mismo: que seas feliz y estés bien."*
*"Si no puedo estar con la persona que más amo, al menos verla feliz es suficiente."*
Seguí bajando. Retrocedí hasta hace dos años. El día que murió mi madre.
*"No encuentro un corazón compatible pa' Luci en toda la ciudad. Y el único que aparece es el de la madre de Ana Martínez . No sé cómo coño hacer esto sin perderlo todo."*
*"Sé que es una mierda. Que soy una mierda. Pero Luci es mi vida. Si ella muere, yo también. Así de simple."*
*"No hay nada más importante que Luci. Ya he contratado al conductor. Ya he sobornado al médico. El plan está listo. Ya no hay vuelta atrás. Ana... te lo devolveré en otra vida. Lo juro."*
Cada palabra. Cada puto plan para matar a mi madre. Todo ahí. Escrito con todo lujo de detalles.
Me temblaban tanto las manos que casi se me cae el móvil.
Álex, cabrón. Los que traicionan así se van derechitos al infierno.
---
A la mañana siguiente, cuando me desperté, Álex ya se había ido.
Me había dejado el desayuno hecho. Y una nota en la nevera. Dulce. Cariñosa. Como siempre.
*"Ani, cari, desayuna bien, ¿vale? Hoy tengo una reunión importante. Volveré tarde."*
Tiré el desayuno a la basura. Rompí la nota en pedazos.
Ya me daba igual si volvía o no. Tenía cosas que hacer.
Primero: llamé a mi abogado. Le pedí que preparara los papeles de divorcio.
Segundo: fui a sacarme el pasaporte.
Álex no podía subirse a un avión. Tuvo un accidente hace años y le quedó un trauma de mierda. Pánico total.
Así que si yo me iba al extranjero, nos separaban miles de kilómetros. Para siempre.
Pero mi DNI seguía en la casa familiar. Tenía que volver a por él.
---
Cuando llegué a la puerta, me quedé parada.
En mi memoria, papá y mamá se querían. De verdad.
Pero entonces papá conoció a la madre de Luci. Y se volvió loco por ella.
Como si le hubieran echado un mal de ojo, dejó todo pa' estar con esa mujer. Quería casarse con ella costara lo que costara.
Mamá lloraba todos los días. Pero al final firmó el divorcio. Y perdió mi custodia.
Me dejaron con papá. Y ella se fue a vivir sola a un piso diminuto en las afueras. Húmedo, frío, lleno de humedades. Se puso enferma. Y nunca se recuperó.
Y yo me quedé ahí. Con Luci.
Luci, que me hacía la vida imposible.
Yo era la hija biológica. Pero papá quería a ESA mujer. Así que también quería a la hija de ESA mujer.
Con papá cubriéndole las espaldas, Luci hizo lo que le dio la gana conmigo.
Me echó al cuarto más cutre de la casa. Me quitó a mi perro. Me robó la plaza del máster que tanto me había costado conseguir.
Y yo, como una gilipollas, cedí. Una y otra vez. Durante años. Hasta quedarme sin nada.
Por eso las odiaba con toda mi alma. A ella y a su puta madre.
Pero claro, justo a ellas las adoraban todos los tíos de mi vida.
---
Iba a llamar al timbre cuando oí una voz familiar detrás de mí.
Me di la vuelta.
Y ahí estaba Álex. Bajando del coche. Con Luci en brazos. Abrazándola por la cintura como si fuera lo más frágil del mundo.
Capítulo 3
Los tres nos quedamos ahí plantados, mirándonos. Clavé los ojos en Álex. Se me encogió el pecho.
—¿No decías que tenías una reunión súper importante hoy?
Se le descompuso la cara. No se esperaba verme allí. Se apresuró a soltarme la milonga de siempre.
—Ani, nena, que no es lo que parece. Es que Luci salía hoy del hospital y Dani está de viaje. No tenía a nadie. Por eso fui a recogerla, tía.
Luci se arrimó más a él y soltó una risita.
—Sí. Si Dani no hubiera tenido ese viaje, no te habría molestado.
Luci se arrimó más a él y soltó una risita de lo más falsa.
—Ay,, es que eres tan majo... —Le acarició el brazo con descaro—. Te llamé y en quince minutos ya estabas en el hospital. Ni mi propio marido me trata así.
Se mordió el labio, mirándome de reojo con esa sonrisa de gata satisfecha.
—Qué suerte tengo de tener un cuñado que me quiere tanto, ¿verdad, mi hermana?
¿Quince minutos?
Se me cayó el alma a los pies.
De la oficina al hospital había como cuarenta minutos en coche. Tuvo que salir echando leches pa' llegar tan rápido.
---
Cuando entramos, Don Ricardo y Elena se volcaron con Luci. Que si estás bien, que si necesitas algo, que si tienes frío.
A mí ni me miraron.
Desde que se casó con Elena, papá no me ha dirigido ni una puta mirada amable.
Don Ricardo me miró de arriba abajo con ese asco que ya me conocía de memoria.
—¿Se puede saber qué coño haces aquí? —Levantó la voz, señalándome con el dedo—. ¿Y encima vienes con las manos vacías? ¡Tu hermana acaba de salir del hospital y ni siquiera le traes nada!
Se le hincharon las venas del cuello.
—¡Eres una egoísta de mierda! ¡Siempre lo has sido!
Pasé de él. Desde que mamá murió, Ricardo dejó de ser mi familia.
Subí a mi cuarto, cogí el DNI y me largué.
Pero antes de salir, Don Ricardo me paró.
—Mañana nos vamos de viaje con Elena. Luci acaba de salir del hospital y Dani no vuelve hasta dentro de unos días. Así que se va a tu casa.
Me entró la risa. Amarga. Fría.
Me eché a reír. Una risa seca, llena de veneno.
—¿Y pa' qué están las empleadas, papá? ¿O es que las has despedido pa' ahorrar y poder irte de viaje?
—¿Por qué tiene que irse justo a mi casa? ¿Pa' que yo, con ocho meses de embarazo y la tripa que me llega a las rodillas, la cuide como si fuera su puta criada personal?
Me crucé de brazos, sosteniéndole la mirada.
—Ah, claro. Que soy la hija biológica. A mí me toca joderse siempre, ¿no?
A Don Ricardo se le puso la cara colorada de la hostia que le daba.
—¡Eres una desagradecida de mierda! ¡Te pido que la cuides dos días y ya estás poniendo pegas! ¡Es tu hermana! ¡Y punto! ¡Se queda en tu casa y se acabó!
—¿Hermana? Mi madre solo me tuvo a mí. ¡Yo no tengo ninguna puta hermana!
Antes de que la cosa se pusiera peor, Álex se metió en medio, dale que te pego con calmar a Ricardo y luego vino a por mí.
—Ani, nena, tranqui. Que estás embarazada. No te pongas nerviosa, que es malo pa' la criatura.
—Si Luci se queda en casa, no pasa nada. Contrato a más empleadas y ya está. No te rayes.
Hablaba como si me estuviera consolando. Pero lo único que quería era meter a Luci en mi casa.
No seguí discutiendo. Ya no me quedaban fuerzas.
De camino a casa, le dije que tenía que hacer un papeleo. Luci dijo que estaba agotada y que quería irse a casa cuanto antes.
Álex no lo dudó ni medio segundo. La llevó a ella primero.
Me soltó la excusa de siempre: "Es nuestra invitada. No puedo dejarla ir sola."
Mejor así. No se enteró de que iba a por el pasaporte. De que me piraba del país.
Entré sola en la oficina.
Entregué todos los papeles. El funcionario me dijo que en quince días lo tendría listo.
Asentí. Miré por la ventana. El cielo estaba hecho un ascua.
Solo quince días. Y Álex no volvería a verme en su puta vida. Genial..
---
Los días siguientes, Álex no le quitaba ojo a Luci.
Desde que se instaló en casa, ya ni disimulaba.
El curro, que antes era sagrado, ahora lo dejaba tirado con cualquier excusa. Decía que era pa' quedarse conmigo porque estaba a punto de parir.
Pero yo ya me lo olía. Solo quería estar cerca de ella.
En el jardín de atrás me había plantado un rosal enorme. Pero Luci se pinchó con una espina, y Álex mandó arrancarlo todo esa misma noche.
Luego me mintió. Me dijo que una empleada lo había quemado sin querer. Que me plantaría otro más chulo.
Y yo lo veía. Lo veía colado por otra. Intentando taparlo. Pero se le notaba a la legua.
---
Esa mañana bajaba las escaleras cuando me topé con Luci saliendo de su cuarto.
Me vio y sonrió. Me cortó el paso.
—Ana , tú ya sabías que Álex está por mí, ¿a que sí?
—Es que se le nota mogollón... hasta yo me he dado cuenta.
No le contesté. Intenté pasar de largo. Pero me agarró del brazo.
—No te vayas,Ana ¿Es que te has vuelto tan borde porque nadie te ha querido nunca? Aún no te he contado un secreto.
Se le curvaron los labios en esa sonrisa de zorra triunfante que tan bien se le daba.
Bajó la mirada a mi tripa. La señaló con el dedo, como si fuera suya.
—Tú antes te quedaste preñada dos veces, ¿no? Y las dos perdiste al bebé. —Se rio bajito, tapándose la boca—. Pensabas que era cosa tuya. Que tu cuerpo no servía. Pobrecita.
Se acercó más. Me clavó los ojos con una satisfacción que me revolvió el estómago.
—Pero no. Fue Álex. Te daba pastillas pa' abortar. Porque no te quiere. Porque no quería un hijo tuyo ensuciándole la vida.
Hizo una pausa. Disfrutando cada segundo.
—¿Y sabes por qué esta vez sí te dejó seguir?
Se inclinó hacia mí. Me lo susurró al oído, lenta, recreándose en cada palabra.
—Porque yo no puedo tener críos. Y le dije que quería uno. Así que este bebé... —Puso la mano sobre mi tripa, acariciándola como si ya fuera suyo—. Álex va a dármelo en cuanto nazca.
Se apartó, radiante. Me miró de arriba abajo con lástima fingida.
—¿A que es la hostia de gracioso, Anita ?