Adiós, Mi Hermano, Mi Primer Amor, Escapa De Yu Amor Tóxico… Yo Voy A Perseguir Mi Futuro Violeta Valenzuela se enamoró del amigo de su hermano, Gabriel Villanueva. Él era seis años mayor que ella, así que durante todo ese tiempo, su amor fue un secreto que guardó con cuidado. Hasta que una noche, con la luz medio apagada, no pudo aguantarse más y le plantó un beso mientras él estaba hecho polvo de lo borracho que iba. En cuanto intentó salir corriendo, se encontró con sus ojos abriéndose de golpe. Él entreabrió los párpados con indiferencia: —¿Quieres que te enseñe a besar, enana? Qué pena… no me van las niñatas. Ella enrojeció hasta las orejas, pero aun así reunió todo su valor y dijo: —Entonces… ¿es porque soy pequeña? No pasa nada, ¡voy a crecer! Capítulo 1

Violeta Valenzuela se enamoró del amigo de su hermano, Gabriel Villanueva.

Él era seis años mayor que ella, así que durante todo ese tiempo, su amor fue un secreto que guardó con cuidado.

Hasta que una noche, con la luz medio apagada, no pudo aguantarse más y le plantó un beso mientras él estaba hecho polvo de lo borracho que iba.

En cuanto intentó salir corriendo, se encontró con sus ojos abriéndose de golpe.

Él entreabrió los párpados con indiferencia:

—¿Quieres que te enseñe a besar, enana? Qué pena… no me van las niñatas.

Ella enrojeció hasta las orejas, pero aun así reunió todo su valor y dijo:

—Entonces… ¿es porque soy pequeña? No pasa nada, ¡voy a crecer!

Él se quedó quieto un segundo, luego sonrió de lado.

—Vale. Cuando cumplas veintidós, si todavía te gusto… ya veré qué hago.

Y sin pensarlo, le pasó la mano por el pelo, despeinándola un poco, como si estuviera jugando con una cría.

Los dedos le rozaron la cabeza con una suavidad que la dejó medio tonta.

Por un momento, todo el ambiente cambió de golpe: el aire, la luz, incluso el puto silencio.

No era rosa, no era cursi…

Pero a Violeta le dio un vuelco el corazón.

Sintió que el pecho le latía tan fuerte que le iba a romper por dentro.

Las mejillas le ardieron y una especie de calor dulce le subió desde el estómago hasta la cara.

"Me va a esperar. Hasta los veintidós. Me va a esperar."

En ese instante, el corazón le empezó a ir como un tambor. Y desde ese día se pegó a él como una sombra. Hasta cumplir los veintidós.

Cuando por fin llegó el día, a Violeta le latía el corazón como si quisiera salírsele del pecho.

Veintidós años. Por fin.

Se arregló con un cuidado que jamás había tenido.

Se probó cinco vestidos hasta quedarse con uno rosa clarito, ese que él una vez le había dicho que le quedaba bien. Se maquilló despacio, concentrada, con las manos temblándole de los nervios. Se echó el perfume que a él le gustaba.

Quería estar perfecta. Quería que, cuando la viera, no pudiera apartar la mirada ni aunque quisiera.

Con una caja de tarta entre las manos y una sonrisa medio nerviosa, salió casi corriendo hacia el club donde sabía que él estaría.

“Hoy sí. Hoy me va a decir que sí.”

Cada paso que daba era un golpe en el pecho. Le temblaba todo: las piernas, el estómago, hasta el aire que respiraba. Estaba tan cerca de él… tan cerca de lo que había soñado desde los catorce.

Pero al llegar a la puerta del reservado, se quedó clavada.

Un sonido extraño. Un llanto. Un llanto de bebé.

Violeta parpadeó, desconcertada.

Se inclinó un poco, intentando averiguar de dónde salía aquel ruido.

“¿Un niño? ¿Aquí? ¿En serio?”

La sonrisa se le congeló poco a poco.

La emoción que llevaba dentro se desinfló de golpe, se le cayó el alma a los pies de golpe.

Había algo que no cuadraba. Un escalofrío le recorrió el pecho.

Miró hacia adentro y vio a Gabriel cargando a un niño que lloraba desconsoladamente.

A su alrededor, un grupo de amigos se tapaba los oídos, con cara de estar siendo torturados.

—Joder, tío, te has pasado tres pueblos. ¿En serio has traído a un crío prestado solo para quitarte de encima a esa cría? ¡Hostia, qué fuerte! Ajajajaja, eres un hijo de puta, Gabriel, de verdad.

El cerebro de Violeta dejó de funcionar.

¿Qué? ¿Qué acaba de decir?

"Trajiste a un crío para quitarte de encima a esa cría."

"Para quitarte de encima…"

"A esa cría."

Violeta se llevó la mano al pecho, intentando respirar… pero el aire no entraba. Solo sentía un vacío enorme que le oprimía el pecho.

—¿Y qué querías que hiciera? —La voz de Gabriel sonaba fría, con ese tono perezoso de siempre—. La tía se pasa el día pegada a mí. De verdad que es un coñazo. Hoy cumple veintidós, así que seguro viene a cobrarme esa promesa de mierda que le hice hace años.

—Jajajaja, joder, tío, eres un puto genio. Pero bueno, la verdad es que la chica no está nada mal, ¿eh? Es guapa, dulce, y encima está loca por ti. Vamos, que muchos matarían por tener a alguien así detrás…

—No es que me guste o no. —Gabriel habló frío y cortante—. Ya sabéis que siempre he tenido a alguien en mente.

El reservado quedó en silencio por un momento, y luego estalló en risas cómplices.

—¡Ah, claro, claro! ¡Jajajaja, joder, es nuestra diosa Sofi! Tío, casi se me olvida… Pero en serio, ¿a qué esperas? ¡Lánzate ya, hostia! Con esa cara que tienes, ¿quién coño va a decirte que no? Sofi va a caer rendida, te lo digo yo. Solo que tú le das mil vueltas a todo, macho. Venga.

—Llevo años sin atreverme a decírselo. Tengo miedo de cagarla y que ni siquiera podamos seguir siendo amigos. Pero esto con Violeta… es la excusa perfecta.

La voz de Gabriel sonaba divertida.

—Le dije a Sofi que hay una cría pesada que no para de perseguirme. En serio, tío, es un puto agobio. No sé cómo quitármela de encima de una vez por todas. Así que le pedí a Sofi que finja ser mi novia por un tiempo. Vamos a aparecer juntos delante de Violeta con este bebé prestado, y hasta montaremos una boda falsa. Así no solo consigo que esa niñata me deje en paz de una vez, sino que además me acerco más a Sofi. Y cuando termine toda esta farsa… ahí mismo le voy a soltar toda la verdad.

Al escuchar ese plan tan “brillante”, todos aplaudieron y soltaron risas de aprobación.

—Jajajaja, hostia, dos pájaros de un tiro. Eres la hostia, Gabriel, de verdad.

—Macho, esto es digno de Netflix, ¿eh? Una boda falsa para ligar con la tía que te gusta. Vaya nivel.

—Y encima te quitas de encima a la pesada. Joder, qué bien pensado, cabrón.

—Venga ya, esto parece de serie turca, pero versión española, jajaja.

.......

Mientras tanto, nadie se dio cuenta de que Violeta estaba parada afuera del reservado.

La caja de pastel resbaló de sus manos. Cayó al suelo con un golpe sordo y apagado.

Violeta se quedó paralizada. No podía moverse. No podía respirar. No podía pensar.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que ella se diera cuenta. Silenciosas. Calientes. Imparables.

¿Cómo…? ¿Cómo pudo…?

Quiso abrir la puerta. Quiso entrar y gritarles. Quiso preguntarle a Gabriel por qué. Por qué le hizo esto.

Pero no pudo. No tuvo fuerzas.

Dio media vuelta, tambaleándose como si estuviera borracha.

Y entonces corrió. Corrió sin rumbo, sin saber a dónde iba. Solo corrió.

Las lágrimas le nublaban la vista. La lluvia le empapaba el vestido. Pero no le importaba.

Nada le importaba ya.

Ocho años. Ocho años esperándolo.

Y para él… solo fue una mierda molestia.

Corrió hasta que las piernas no le respondían. Hasta que el pecho le ardía. Hasta que ya no pudo más.

Se detuvo en medio de la calle, jadeando, con el rostro empapado de lluvia y lágrimas.

Y por primera vez en su vida, Violeta Valenzuela se sintió completamente sola.

Desde los catorce años, se había enamorado de él a primera vista.

Ese día, su hermano, Juan no fue a recogerla después de clase y unos tipos la acorralaron en un callejón. Fue Gabriel quien pasó por ahí, les dio su merecido y la salvó.

Ella lloraba tanto que tenía los ojos hinchados. Gabriel le lanzó su chaqueta y le dio dos chocolates, burlándose con una sonrisa.

—Bebé llorona, hasta te salieron mocos. Tu hermano todavía está jugando básquet. Ven, te llevo a casa.

Ese día, Violeta probó el chocolate más dulce de su vida. Y por primera vez, se enamoró de alguien.

Gracias a Juan, podía verlo casi todos los días. Su amor de adolescente creció como una planta que se abre al sol.

Aprendió a preparar tuppers. Hacía más de diez para que su hermano los llevara a la uni, solo para que Gabriel probara su comida.

Investigaba sus gustos, preparaba regalos con esmero, y aprovechaba cada festividad para dárselos.

Rechazó una beca para estudiar en el extranjero. Se quedó en Madrid. Solo para esperar hasta los 22.

Esperó ocho años, creyendo que al final podría estar con él.

Pero hoy, Violeta descubrió que su amor… para Gabriel, solo había sido una carga. Un estorbo.

No supo cuánto tiempo corrió bajo la lluvia. Cuando por fin se detuvo, sacó su celular con manos temblorosas y llamó a Juan.

—Juan… —Su voz estaba rota—. Ya lo pensé bien. Acepto ir a Nueva York a estudiar. Y ese… el chico que me presentaste… también quiero conocerlo.

Durante años, todos en su círculo sabían que Violeta perseguía a Gabriel.

Cada vez que su hermano la veía esforzarse tanto, parecía querer decirle algo, pero se contenía.

Luego, de forma indirecta, le presentaba chicos. Intentaba que olvidara a Gabriel.

Y ese chico en Nueva York … ya era el chico número 18 que le presentaba.

Su hermano decía que era alto, guapo, para nada inferior a Gabriel. Y como ella estudiaba diseño, sería perfecto irse unos años a perfeccionarse allá…

Ahora lo entendía. Él seguramente ya sabía que Gabriel estaba enamorado de otra. Solo intentaba evitarle más dolor.

Del otro lado de la línea, hubo un silencio. Luego, una voz suave:

—¿Ya… te enteraste?

Violeta cerró los ojos. La lluvia y las lágrimas se mezclaban en su rostro.

—¿De verdad está tan enamorado de Sofía?

—…Sí.

—Entonces le deseo que sea muy feliz con ella.

Hizo una pausa.

—Y yo también voy a cumplir su deseo. No voy a volver a quererlo.

Al llegar a casa, Violeta abrió su maleta de forma mecánica y comenzó a empacar.

Su celular vibró. La pantalla se iluminó.

[Gabi: ¿Por qué no viniste?]

Se quedó mirando el mensaje durante mucho tiempo. Hasta que llegó otro.

[Gabi: Niña, ya tengo novia y también un hijo. Deja de una vez de perseguirme.]

Luego, envió dos fotos.

Una era de los piecitos de un bebé. La otra, una elegante invitación de boda.

Violeta miró la pantalla fijamente durante un largo rato. Solo respondió una palabra.

[Vale.]

Después de enviar el mensaje, arrojó el celular sobre la cama.

Abrió un cajón y sacó una caja de metal del fondo.

Dentro había boletos de cine, entradas a parques de diversiones, una camiseta de básquet que había guardado en secreto, un peluche que él le había regalado…

Todos los recuerdos de estos ocho años con Gabriel.

Abrazó la caja, salió de su cuarto y, sin dudar, vació todo su contenido en el bote de basura.

Capítulo 2

Al mismo tiempo, en el reservado del club de lujo, Gabriel miraba fijamente la pantalla de su celular, con el ceño fruncido.

Esperaba que ella llorara, que montara un escándalo. Lo único que no esperaba era que reaccionara con tanta calma.

—Eh, tío, ¿qué te ha dicho? —Un amigo se acercó curioso y, al ver la pantalla, abrió los ojos como platos—. ¿En serio? ¿Solo… solo un "vale"? Joder, qué fuerte.

—Algo no cuadra, tío —dijo otro, acariciándose la barbilla—. Con lo loca que está por ti, joder, no debería estar tan tranquila…

Todos se quedaron desconcertados. Pero de pronto, uno de ellos pareció atar cabos.

—Joder, tío, ¿y si vino hace rato y nos escuchó desde afuera? ¡Hostia, si ya sabe que el bebé es falso y la boda también… por eso se hace la indiferente!

Al escuchar ese análisis, Gabriel frunció aún más el ceño.

Conociendo el carácter de Violeta, después de esperarlo tantos años, al enterarse de que él tenía a alguien más e incluso un hijo, lo normal sería que armara un drama.

Si estaba tan tranquila, fijo que ya sabía todo y ahora estaba jugando al típico “dar un paso atrás para luego avanzar”.

Los demás asintieron de inmediato y comenzaron a darle consejos.

—Bueno, pues ya está, tío. Sigue con lo tuyo con Sofi, joder. Es una oportunidad de oro para acercarte a ella, ¿eh? Y bueno, da igual, esa cría pesada que tanto te agobia seguro que todavía no ha perdido la esperanza, ajajaja. Pero oye, cuando tú y Sofi estéis juntos de verdad… pues no le va a quedar más puto remedio que rendirse, ¿no?

—Exacto, macho, exacto. Mira, pasa de ella por ahora, ¿vale? Lo importante, lo que de verdad importa ahora mismo, es que te centres en conquistar a Sofi de una puta vez. Y cuando lo consigas, tío, todo lo demás se va a solucionar solo, te lo digo yo. En serio, ¿a qué esperas?

Mientras charlaban animadamente, Juan abrió la puerta de golpe. Su mirada fue directa a Gabriel.

—Gabriel, sal. Tenemos que hablar sobre ViVi.

¿Fue a llorarle a su hermano?

Gabriel alzó la vista con desgano, a punto de responder, cuando su celular sonó.

—¿Gabi? ¿Tienes tiempo ahora? Dijiste que querías actuar frente a la hermana de tu amigo, ¿no? Pensé que podríamos ir juntos a comprar cosas para el bebé. Así se verá más real.

Al escuchar la voz dulce de Sofía Rojas, Gabriel no lo pensó dos veces. Aceptó al instante.

Se levantó de inmediato y salió del reservado, dejándole solo una frase a Juan.

—Hablamos luego. Hoy tengo algo urgente.

—Solo serán unos minutos…

Viendo cómo salía corriendo, Juan intentó detenerlo, pero los demás lo frenaron.

—Déjalo ya, macho. Va corriendo a ver a la chica que le gusta, joder. No lo intentes parar, tío.

—Sí, sí, en serio. Sabes que lleva años colado por Sofi, ¿no? Por fin tiene una oportunidad de decirle lo que siente, hostia. Así que ya está, ¿eh? Deja de intentar liarla con tu hermana y él, de verdad. No tiene ni pies ni cabeza, tío.

Ante sus palabras, Juan frunció el ceño.

—No era esa mi intención.

Lo que quería decirle era que su hermana ya había recapacitado. Que se iría a estudiar al extranjero. Y que ya no lo molestaría más.

Después de descansar una noche, Violeta salió a tramitar su visa.

El funcionario le dijo que en dos semanas, como mucho, estaría lista.

Pasó dos o tres días en casa descansando. Hasta que llegó el cumpleaños de su hermano.

A Juan le encantaban las fiestas. Cada año organizaba una gran celebración. Violeta se puso un vestido de gala y fue.

El salón estaba lleno de invitados. Había música, risas, y todo el grupo de amigos de su hermano también estaba ahí.

Violeta no quería cruzarse con ellos, así que se mantuvo al margen.

Pero al poco rato, Gabriel apareció. Traía a Sofía Rojas del brazo y cargaba al bebé en el otro. Todos los miraban.

Al verlo tan radiante, la gente no paraba de comentar, llenos de envidia.

—¿Quién iba a pensar que Gabriel sería el primero en sentar cabeza, tío? Dicen que lleva colado por Sofi como diez años. Y ahora ya tiene mujer e hijo… ¡menudo puto crack!

—Sí, pero qué pena por todas las chicas que andaban detrás de él, joder. Seguro se les rompió el corazón, jajaja.

Al escuchar esos comentarios, Violeta no mostró ninguna expresión.

Momentos después, Gabriel se acercó a ella con Sofía a su lado. La llamó con tono despreocupado.

—ViVi, aún no te la he presentado. Ella es mi mujer, Sofía. Y este es nuestro hijo.

De pronto, todas las miradas del salón se clavaron en ella.

Violeta no cambió su expresión. Esbozó una sonrisa forzada.

—Mucho gusto, cuñada.

Sofía, como buena “actriz” que Gabriel había contratado, le tendió la mano con una sonrisa encantadora.

—Tú eres ViVi, ¿verdad? Gabi me ha hablado un montón de ti. Eres joven todavía, normal que te hagas un lío con las cosas. Pero ahora que Gabi y yo tenemos un hijo, ya va siendo hora de dejar atrás esos sentimientos. Nos vamos a casar el mes que viene. Espero que vengas a la boda, ¿vale?

Capítulo 3

Violeta bajó la mirada.

—Entiendo, cuñada. Antes me pasé de la raya, lo sé. De ahora en adelante, voy a tener claro cuál es mi sitio. Os deseo toda la felicidad del mundo, de verdad.

Al escuchar esas palabras, los amigos que estaban alrededor comenzaron a meterse con ella.

—¿Ah, sí? ¿Qué cosas tan pasadas de la raya hiciste antes, eh? ¿Te refieres a cuando llamabas a Gabriel a las tantas de la madrugada para que viniera a recogerte? ¿O a cuando te emborrachabas y delante de todos decías que solo te casarías con él? ¿O a cuando ibas corriendo a la casa de los Villanueva para preguntarles a los empleados qué tipo de chicas le gustaban? Jajajaja.

—Ay, ViVi… ahora que el hermano que te gusta ya tiene familia, si sigues pegada a él como una lapa, la que va a quedar en ridículo eres tú, tío. Y encima vas a manchar el nombre de los Valenzuela. Venga, sé buena chica y no jodas la amistad entre tu hermano y Gabriel por tus caprichos, ¿vale?

Cada palabra le dolía en el pecho como si le clavaran mil agujas.

Sin quererlo, miró a Gabriel, que estaba a unos pasos de distancia, con el rostro completamente indiferente.

Por un instante, sintió que se había convertido en otra persona. Ya no era el Gabriel que recordaba, ese que siempre la cuidaba.

Pero al pensarlo bien… él siempre había sido así de frío con todas las chicas que lo perseguían. Nunca les daba esperanzas.

Así que su tolerancia hacia ella durante todos esos años… solo había sido por respeto a su hermano. Para no hacer las cosas incómodas.

Ahora que estaba con la chica que le gustaba, iba a cortar todos los lazos con ella de una vez.

Después de todo, para él, Sofía era más importante que cualquier otra cosa en el mundo.

Al darse cuenta de eso, Violeta sintió una oleada de amargura que la ahogaba. Solo asintió con la cabeza y se dio la vuelta para irse.

Justo en ese momento, comenzó la fiesta de cumpleaños. Juan , que había llegado tarde, estaba ocupado saludando a los invitados. Ni siquiera notó a su hermana.

Gabriel, por su parte, no perdió tiempo en presentar a Sofía Rojas como su esposa ante todos.

Le apartaba las copas de alcohol que le ofrecían. Le daba de comer bocadillos deliciosos. Le arreglaba el vestido con ternura. Le masajeaba los hombros cuando se cansaba…

Todos lo alababan por lo buen marido que era. Decían que Sofía tenía mucha suerte de haberse casado con él. Que eran la pareja perfecta.

Violeta los observaba desde lejos, con un sabor amargo en la boca. Solo podía obligarse a apartar la mirada.

Se sentó sola en una esquina, hasta que Sofía se acercó con una copa en la mano y rompió el silencio.

—Es el cumple de tu hermano y estás aquí sentada sin decir ni una palabra. ¿Estás enfadada?

Violeta no esperaba que se acercara. Instintivamente, dio dos pasos hacia atrás.

—No estoy enfadada, Sofi. Ya he dejado ir mis sentimientos por Gabriel.

Sofía se quedó inmóvil un momento. La miró con una expresión extraña.

—Pero Gabi me dijo que llevas años persiguiéndolo. Que estabas obsesionada con estar con él.

—Eso era antes. Cuando supe que él lleva años enamorado de ti, lo dejé ir. Os deseo lo mejor.

Dicho esto, Violeta se levantó para irse. Pero Sofía la agarró de la mano.

—¿Dijiste que Gabriel lleva años enamorado de mí? ¿Dónde escuchaste eso? ¿Él te lo dijo directamente?

Violeta no tenía ganas de seguir hablando.

—Todo el mundo lo dice. Pregúntale a él. Yo no sé nada.

Pero Sofía no la dejaba irse. Insistía en aclarar las cosas.

Mientras forcejeaban, la lámpara de araña del techo se soltó de repente. Cayó en picada.

Al levantar la vista y ver la sombra negra precipitándose hacia ella, el cerebro de Violeta se quedó en blanco.

No tuvo tiempo de reaccionar. Gabriel, que pasaba por ahí, palideció al instante. Corrió hacia ellas y apartó a Sofía, llevándola a un lugar seguro.

La lámpara de varias decenas de kilos cayó directamente sobre Violeta. Todo su cuerpo se estrelló contra el suelo.

La sangre comenzó a brotar. Cada parte de su cuerpo parecía romperse. Un dolor desgarrador la atravesó de pies a cabeza.

Yacía en un charco de sangre, temblando sin control, mientras a su alrededor la gente gritaba de horror.

La imagen frente a sus ojos se volvía cada vez más borrosa. Antes de perder la conciencia por completo, lo último que vio fue a Gabriel abrazando a Sofía, consolándola en voz baja.

No supo cuánto tiempo pasó. Cuando Violeta despertó, lo primero que vio fue a Juan sentado junto a su cama, con los ojos rojos.

—Lo siento, ViVi. Soy un mal hermano. No pude protegerte. Por mi culpa terminaste tan herida.

Violeta negó con la cabeza. Su voz era débil y ronca.

—No es tu culpa. Pasó todo tan rápido. Estabas demasiado lejos. No pudiste llegar a tiempo.

Al escuchar esas palabras, Juan recordó lo que había sucedido antes del accidente. Se sintió aún más culpable.

—Puede que yo no haya llegado a tiempo… pero Gabriel estaba justo ahí. Estaba tan cerca de ti. Y aun así, no te salvó. Si Sofía no te hubiera entretenido con esa conversación, podrías haberlo evitado…

Violeta negó con la cabeza. Lo consoló con dulzura.

—Juan, yo y la chica que él ama estábamos en peligro al mismo tiempo. Por instinto, fue a salvar a la persona que más le importa. No hizo nada malo. Antes era yo la que vivía en una ilusión. Pero después de esto… de verdad lo he dejado ir.

—Bien. Mientras tú puedas dejarlo ir, no importa qué decidas hacer. Siempre te apoyaré.

Juan le apretó la mano con fuerza y asintió con determinación.

Violeta también esbozó una sonrisa débil. Poco a poco, recuperó la calma.

Su condición se estabilizó. Juan, que había estado días sin dormir, por fin se fue a descansar.

La habitación quedó en silencio de nuevo. Violeta sacó su celular y compró un boleto de avión para dentro de diez días.

La aerolínea llamó para confirmar la reserva. Ella escuchaba atentamente, sin notar los pasos que se acercaban a la puerta.

—Sí, es para el 19, el primer vuelo a Estados Unidos. Primera clase.

—¿Qué primera clase?

Lee más capítulos en la APP Novelove
Continuar leyendo